miércoles, 13 de febrero de 2008

Un Círculo Vicioso

UN CÍRCULO VICIOSO

“La violencia no se termina, solo se transforma con los años”.

Alejandro Gómez Jaramillo

En el barrio popular, hace ya varios años, sus habitantes vivían en medio de los ataques que se propinaban unas bandas delincuenciales, con otras, y fue precisamente por ésa situación, que los naturales del mismo barrio, decidieron acabar con el problema de raíz, ya que como lo dijo don Rafael al padre del barrio, en el proceso de crear las que en el sector llamaron “autodefensas del barrio”: “Padre, usted sabe que con la autoridad ya hemos hablado muchas veces y de nada ha servido y estos muchachos van a acabar con nosotros si no nos defendemos”

Don Rafael, es un habitante del barrio popular, que ha estado huyéndole a la violencia toda su vida: “Primero me encontré con la llamada violencia política, que me encontró viviendo en Norcasia, en el departamento de Caldas”, comenzó don “Rafa” contando su historia. Fue desde entonces que comenzó a huir, cuando tenía 22 y con la responsabilidad del matrimonio. En la carrera de sobrevivir, salió hacia La Dorada Caldas, pero en el camino se topó con una de las escenas que recuerda con tristeza, “sobre el puente estaba la tropa con 30 detenidos. Alcancé a ver al señor Gonzalo Arredondo, habitante de la zona, amolando un machete al lado del puente. Al momentito llevaron a uno de los detenidos al centro del puente y le colocaron la cabeza sobre la baranda. Este señor Gonzalo, le hizo el corte de franela, le cortó la cabeza de un solo machetazo. Así siguieron con cada uno de los detenidos, la cabeza caía de una vez al río, y enseguida tiraban el cuerpo”. Para don Rafael, Cortar la cabeza de una persona es “dejar el cuerpo sin alma”.

Continuó la escapatoria a la violencia, dirigiéndose a Cocorná, Antioquia, donde residía su padre; allí compró un pedazo de tierra, lugar en que partió pronto, pues “la ingrata selva me mató a un hijo de cinco meses, empaqué dos o tres trapos y arranqué sin saber donde iba a caer el globo.”, rememoró don Rafael. Llegó entonces Don Rafael a Medellín, al barrio popular, donde un amigo lo ayudó vincularse con una empresa de construcción, la misma empresa que lo llevó a Chigorodó, en Urabá. A don Rafael, le gustó el territorio, así que se instauró en una finca, que aún posee.